La Patagonia se quema.
LaPatagonia no se quema sola, se quema en un contexto de abandono, desidia y decisiones que no llegan a tiempo. Mientras el fuego avanza sobre bosques, casas y vidas, el Estado vuelve a estar ausente y la protección llega, casi siempre, desde los vecinos, brigadistas y bomberos que ponen el cuerpo dónde debería haber políticas públicas. Este texto no busca conmover desde la tragedia, sino interpelarnos: ¿qué pasa cuando la tierra arde y quienes deberían cuidarla miran hacia otro lado?¿Cuánto más estamos dispuestos a naturalizar?
Maria Eugenia Hag
1/29/20262 min read


La Patagonia se quema.
No, la Patagonia no se quema sola. A la Patagonia la están quemando, la están dejando morir. Hectáreas de bosque nativo arden bajo las llamas que devoran, una y otra vez, la tierra, los árboles, las plantas, los animales y casas.
El fuego no distingue: arrasa con la vida del bosque, que llora en silencio, y con el esfuerzo de quienes lo cuidan. El fuego se lleva todo: años de crecimiento, de raíces profundas, de historias. Se lleva el trabajo de vecinos, el hogar de familias, el futuro de una región entera.
La Patagonia se quema y, una vez más, el Estado está ausente. Otra vez deja a los ciudadanos sin protección. Otra vez abandona a los bomberos, brigadistas voluntarios, a quienes ponen el cuerpo cuando el fuego avanza y la llama crece. Otra vez el Estado mira hacia otro lado. Mientras la tierra arde, eligen el escenario, la música y las vedettes. Elige el espectáculo antes que la urgencia. El silencio antes que la acción.
La tierra llora en silencio, y nosotros, que todavía no exigimos lo suficiente.
Nuestra voz tiene que ser la voz del bosque, de quien no puede marchar, ni votar, ni escribir comunicados. La voz de los árboles centenarios, de ríos, de la fauna silvestre, de los suelos que tardaron siglos en formarse y minutos en desaparecer.
Porque el bosque no es sólo paisaje, ni un fondo de una foto turística. El bosque es vida, equilibrio, refugio, memoria. Es agua, aire, alimento... es futuro.
Cuando se quema la Patagonia, no se quema sólo una región: se quema un ecosistema que sostiene a todos, incluso a quienes nos creemos lejos del fuego. Se quema el derecho colectivo y la posibilidad de un mañana habitable. Se quema nuestra tierra, una parte de Argentina.
Callar también es una forma de abandono. Naturalizar el fuego, una forma de complicidad. Por eso, exigir es urgente.
Que nuestra voz, sea la voz del bosque. Que no arda el silencio. No lo dejemos morir sin resistencia.